KARATE Y MUJER: DE AYER A HOY
El karate se ha atribuido tradicionalmente al género masculino. Para entender qué es el karate hoy, y en qué lugar nos encontramos nosotras en él, es importante saber su origen y el papel que ha jugado la mujer desde sus inicios. La historia del karate es larga y tiene muchos matices, pero he intentado hacer una pequeña síntesis que nos ayude a ponernos en situación.
¿Qué es el karate?
Inicialmente el karate, que por cierto aún ni se llamaba así (su nombre era Te), era defensa personal. Su origen se sitúa en la isla de Okinawa donde prohibieron a sus habitantes el uso de armas, por lo que tuvieron que aprender a defenderse sin ellas. Por eso el término -Te se refiere a "mano vacía", o sea, sin armas. Más tarde se exportó a Japón y allí es donde se le dió el nombre de karate, y se adaptó para su enseñanza al público en general. Eso significó que muchas técnicas muy contundentes y peligrosas se eliminaron o camuflaron ya que no eran adecuadas para enseñar en escuelas. También se estandarizaron unas coreografías para enseñar las diferentes técnicas y que originalmente se idearon para poder entrenar en solitario. Las katas. El combate se ha ido modelando para preservar la integridad de los participantes, y reglando para poder adaptarlo a competición, es el kumite.
Una mujer de Okinawa: Yonamine Tsuru
La mayoría de los karatekas conocen la historia y relevancia de Matsumura "Bushi", pero en este caso nos centraremos en su mujer: Yonamine.
Yonamine era una mujer muy fuerte, de joven entrenaba junto con sus amigos Te y Tegumi (sumo de Okinawa) para aprender a defenderse. Estos conocimiento la libraron de muchas agresiones, ya que en esa época ser mujer era muy peligroso, pero supusieron una desventaja a la hora de casarse ya que ningún hombre quería desposarse con una mujer que era más fuerte que él. (que típico...), hasta que Matsumura la conoció. Para él era su mujer ideal.
Existen muchas historias sobre esta mujer y su fuerza, se decía de ella, que era capaz de levantar un saco de arroz con la
mano izquierda y barrer el polvo por debajo con la escoba en la mano
derecha. Una historia que ha pasado a la posteridad es la que relata un acontecimiento que sucedió una noche cuando regresaba la señora
Matsumura de una fiesta que se había cebrado en el barrio de
Kaki-no-hana.
Cuando el alcohol corrió en exceso entre los festejantes,
el ambiente comenzó a ser poco a poco demasiado borrascoso. Entonces,
Matsumura dijo a su mujer que regresara a casa, mientras él permanecía
allí un rato más. Comenzaba a caer la noche cuando Yonamine inició el
regreso a su casa por un atajo polvoriento y sucio que llevaba al templo
medio
abandonado. De repente, un ruido entre los arbustos, la hizo
sobresaltarse. Dio un salto a otro lado de la senda, mientras veía como
salían de la oscuridad tres hombres suciamente vestidos y mal afeitados
la miraron maliciosamente como predadores dispuestos a saltar sobre su
indefensa presa.
Ella , dándose cuenta de la situación de peligro inminente en la que
se encontraba, mientras daba un paso atrás, recuperó la respiración
inspirando lentamente, y se situó en una zona donde la vegetación era
más densa.
"¡ Fuera del camino, o tendré que castigar a los tres !"- dijo ella - pretendiendo desconcertarles.
Su truco no caló entre los rufianes, que se rieron de estas palabras,
e inmediatamente se colocaron a la derecha del que parecía ser el jefe
del grupo. Yonamine se percató inmediatamente del liderazgo del más
barbudo y
su mente instintivamente recordó que, en situaciones de
agresión múltiple, siempre hay que tomar la iniciativa del ataque y
dirigir éste contra el líder o el más fuerte del grupo. Esto provoca un
desconcierto inicial que debe ser aprovechado con ventaja por el
asaltado. "Quien
da primero, da dos veces". El paso que dio hacia atrás y a un lado
también tenía una importante razón estratégica: "En la lucha contra
varios atacantes hay que moverse de tal manera que el líder siempre
quede entre tú y los demás", recordó.
Antes de que el barbudo diera un paso mas hacia delante, Yonamine
saltó sobre él como un gato. El hombre parpadeó con una expresión de
miedo en sus los ojos al ver como la cara plácida y femenina de aquella
mujer se transformó en un instante en una mascara horrible con los
alerones de la nariz ampliamente abiertos, los ojos y la boca abierta
con una mueca horrible enseñando unos amenazantes dientes.
Su Kiai , sonó como un extraño relámpago en una noche estrellada.
Nada parecía ser lógico, pensaban los malhechores, el desconcierto era
total. Y, antes de acabar de pensar en ello, la mujer caía al suelo con
una pierna, giraba sobre ella y dirigía el talón de la otra directamente
a la sien del hombre más fuerte. Sin parar la acción, apoyándose en el
pie de la pierna que acababa de utilizar como un martillo, proyectó otra
patada lateral que con el canto del píe que dio impactó la garganta
del segundo hombre que la recibió anonadado. Cayó éste sobre una pila de maderas, agarrándose la garganta sin
apenas poder respirar. No se habían todavía enderezado las rodillas de
Yonamine
cuando se abalanzó nuevamente sobre el primero dirigiendo la
punta de su codo contra su nuez. El tercer hombre, todavía intacto, se paró al instante y al comprobar
la situación en la que se encontraban sus compañeros con una expresión
de perro asustado y cobarde, salió corriendo lleno de pánico. En solo
tres pasos Yonamine alcanzó al bandido asiéndole por el cuello de la
camisa , le aplicó una patada en la parte posterior de una rodilla y
cayó sobre él. En una posición parecida a la de un jinete montando un
caballo, le trincó del pelo
antes de que se protegiera con las manos,
el
canto de la mano derecha de la indefensa mujer cortaba el cuello del
hombre como un hacha. La arteria gruesa del cuello no pudo resistir el
golpe y el hombre quedó tendido sin conocimiento.
Entonces arrastró a los tres insensatos hasta colocarlos sentados,
espalda con espalda, y los ató con su obi, que es el fajín ancho con el
que se sujetan las ropas las mujeres. No acabó aquí su acción. Arrancó
el palo que mantenía el nombre del templo y lo arrojó sobre ellos como
un último acto reivindicativo y de asco. En la inscripción se leía, -"
Paz en el espíritu, paz en el cuerpo, paz en las manos, paz en los
caminos." Muy apropiado...
La mujer en el karate
Aunque la introducción oficial de las mujeres a las artes marciales es muy reciente, lo cierto es que desde siempre las mujeres han buscado maneras de aprender a defenderse. La falta de información al respecto es una evidencia de lo importante que era que las mujeres no mostraran sus habilidades, ya que perdían todas las oportunidades de casarse (en esa época el valor de una mujer era el de su dote). Por desgracia aún, incluso en nuestra sociedad, queda un remanente de la cultura machista en lo que se refiere a la relación entre los adjetivos fuerte y femenina.
Buscando en internet noticias sobre la mujer en el karate me he
encontrado con unos cuantos artículos y opiniones de "karatekas" que me
han dejado de piedra. Desde practicantes que consideran que las mujeres
les impiden entrenar eficientemente porque se tienen que contener con ellas, hasta
escuelas donde han decidido hacer grupos de entrenamientos para mujeres
karatekas, y eso pasando por blogs que prodigan los beneficios del
karate en las mujeres para combatir las cartucheras. ^_^!
¿Qué realmente puede ofrecer el karate a la mujer actual?
Bueno, pues mucho más que un remedio contra las cartucheras, el karate tiene como efecto secundario que es una forma de abrir nuestra mente ya que nivel emocional aporta muchos beneficios.
Todas las opiniones que nos rondan la cabeza como: "esto es para chicos",
"a mí es que no me gusta pelear", "yo no soy capaz"... desaparecen si entrenas karate. Aprendes que PUEDES. No que puedas entrenar karate, sino que te enseña que puedes con todo lo que te propongas, porque si el karate te puede enseñar algo, es a superar tus límites, lo que se traduce en aumento de autoestima y autovaloración.
Te enseña a sentirte en equilibrio con tu cuerpo y con tu mente. Y este efecto secundario es maravilloso, no solamente para las mujeres, sino para todo el mundo. Hasta que no practiqué karate no me di cuenta de cuanto subestimaba mis capacidades físicas. Las mujeres tenemos un cuerpo muy hábil para las artes marciales, nuestra mayor flexibilidad nos ayuda mucho a la hora de trabajar el tren inferior, y aunque perdemos en fuerza corporal respecto de los hombres, sí que ganamos en velocidad, por lo que aunque perdemos en combates cuerpo a cuerpo, ganamos en las capacidades de aplicar combinaciones más complejas y que dependen de la sorpresa y la velocidad de ejecución. Así como en los desplazamientos.
Te pone en forma.
Activa tus endorfinas. Sí, sí, las hormonas de la felicidad.
Te libera del estrés del día.
Te enseña a entrenar con oponentes más fuertes que tú. Es importante (indispensable) entrenar con chicos. A nosotras nos ayuda a superarnos y, a ellos a entrenar el necesario control de las técnicas. Tanto ellos como nosotras tenemos que aprender a modular el trabajo dependiendo de nuestro oponente. No os hacen un favor por ponerse con vosotras. Y.. chicas, su única ventaja inicial es el peso y tamaño, si entrenais con un hombre de vuestro tamaño o menor, vereis que estais en las mismas condiciones que ellos.
Te da las bases para aprender a defenderte. Velocidad, reflejos, fuerza, biomecánica, técnicas de suelta de agarres, atemis...
Pero lo más importante para mí cuando acabo una clase de karate es que acabo sudada, cansada fisicamente pero con la mente despejada y, sobretodo, feliz.